Desde la Madriguera

San Alejandro demolido, Carmen Serdán reducido: la herencia de la 4T

El 10 de diciembre, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo reconoció por fin lo que su antecesor jamás admitió: el sistema de salud mexicano no es “mejor que el de Dinamarca”.

Andrés Manuel López Obrador había presumido en su último informe que el IMSS-Bienestar era “el más eficaz del mundo”. La realidad —hoy aceptada por Sheinbaum— es un rezago de al menos 36 años.

“Por supuesto que nos falta. Es evidente que, si no creció durante 36 años, pues había un rezago que hay que atender”, dijo ante la Asamblea General del Instituto Mexicano del Seguro Social. Y añadió que el IMSS-Bienestar es el “hermano pequeño” del IMSS.

¡Qué bonita familia!, diría Pompín Iglesias: si el mayor arrastra décadas de retraso, el menor hereda la misma enfermedad.

Ayer, 10 de diciembre, se entregó oficialmente el hospital que sustituirá al demolido San Alejandro.

Mientras la 4T repite que “amor con amor se paga”, en Puebla el pago se hace con camas ausentes. El Hospital San Alejandro, con 415 camas, fue derribado tras el sismo de 2017. Ocho años después —siete de ellos bajo gobiernos morenistas— la Federación entregó el nuevo “Carmen Serdán Alatriste” con apenas 180 camas.

El déficit es brutal: 235 camas menos, una reducción del 56.6%.

La inversión superó los 2,600 millones de pesos. El costo puede discutirse; el tiempo, no. Siete años para levantar un hospital es una afrenta para cualquier ciudad.

Durante la pandemia, esas 180 camas pudieron significar vidas salvadas. En marzo de 2020, La Margarita colapsaba mientras el nuevo hospital seguía existiendo solo en planos.

El contraste no es solo inaceptable: es una radiografía del desprecio.

Ahí está el ejemplo de Chiapas. El gobierno donó un terreno en octubre de 2022. La construcción del Hospital General Regional “XIV de Septiembre” inició en junio de 2023 y fue entregado 29 meses después. Costó 2,920 millones de pesos, tiene 144 camas, 43 especialidades, seis quirófanos, 12 cubículos de parto amigable, resonador magnético y una plantilla de 1,691 trabajadores.

Si en Chiapas se levantó un hospital moderno en menos de tres años, ¿Qué excusa justifica siete años de espera en Puebla?

No faltó dinero. No faltó capacidad. Faltó respeto. Faltó el mismo amor que los poblanos entregaron a la 4T con su voto.

El menosprecio no se mide en discursos ni inauguraciones tardías: se mide en camas ausentes y en vidas que pudieron salvarse. Esa es la verdadera herencia.


Nota al pie: Estreno hoy este espacio y reto personal: «De fábulas, fobias e infamias». Escribir se vuelve una tarea peculiar en un país donde sobran las fábulas, abundan las infamias, y solo nos queda superar la fobia al silencio.

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