Este sábado 19 de septiembre, la cantante y compositora sueca, Robyn, llegó por primera vez a México con The Sexistential Tour y convirtió el Palacio de los Deportes en una enorme pista de baile, acompañada por otra sueca fundamental del pop alternativo: Lykke Li.
Pero más allá de canciones como “Dancing on My Own”, “Show Me Love”, “Honey”, “Call Your Girlfriend” o “With Every Heartbeat”, hay una razón por la que Robyn es muchísimo más interesante de lo que parece a primera escucha.
Robyn también es una de esas compositoras que ha ayudado a construir el pop de otras personas y algunas de las canciones que escribió para otros artistas probablemente ni siquiera las relacionarías con ella.
Robyn está detrás de “Over to You Now” de Britney Spears, la coescribió junto con Imogen Heap, Alexander Kronlund y Guy Sigsworth. Britney la grabó y terminó apareciendo en las ediciones británica y japonesa de Britney & Kevin: Chaotic, lanzado en 2005.
Hay otra historia todavía más curiosa: Robyn también participó en la composición de “See My Side”. Britney llegó a grabarla durante la etapa de Blackout, aunque la canción no terminó formando parte del álbum. Posteriormente fue asociada con Jordin Sparks.
Otro tesoro escondido es “Popstar”; la canción fue coescrita por Robyn y terminó siendo grabada por la cantante neerlandesa Sita. Antes de llegar a ella, la canción había circulado en el circuito de composiciones que se consideraban para Britney Spears.
Es decir, Robyn llevaba años participando en ese enorme laboratorio invisible de canciones que iban de cantante en cantante hasta encontrar la voz adecuada y eso explica algo muy interesante de su propia carrera.
Robyn comenzó como estrella adolescente en los años noventa. Su primer gran periodo internacional estuvo marcado por canciones como “Do You Know (What It Takes)” y “Show Me Love”, esta última coescrita con Max Martin.
Después de aquella primera etapa pop, Robyn tomó una decisión que cambiaría su carrera: dejó de intentar encajar en el molde tradicional de una estrella pop y comenzó a construir su propia identidad artística y empresarial.
Ese proceso desembocó en la creación de su sello Konichiwa Records y, años después, en Body Talk, la trilogía que terminó convirtiéndola en una figura fundamental del pop electrónico contemporáneo y ahí apareció “Dancing on My Own”.
El sábado, en el Palacio de los Deportes, la vimos hacer precisamente lo que lleva décadas haciendo: convertir tristeza, deseo, soledad, sexo, euforia y vulnerabilidad en música para bailar.
El concierto terminó con “Missing U”, “Call Your Girlfriend” y “Dancing on My Own” y después de verla en vivo, queda una pregunta bastante divertida: ¿Cuántas canciones de Robyn hemos escuchado durante todos estos años sin darnos cuenta de que Robyn estaba detrás de ellas?
Porque quizá ese sea su verdadero superpoder dentro del pop: hacer que una canción parezca inevitable… incluso cuando nadie sabe quién la construyó.










